El mendigo y el avaro

Un día, un mendigo llamó a una puerta para pedir caridad.
Un hombre salió a abrirle:
-¿No tendrá un poco de pan que darme?-dijo el mendigo.
-¡Por supuesto que no!-respondió el propietario de la casa-.Yo no soy panadero, ¡sigue tu camino!
-¿No tendría al menos un poco de carne?
-¡Aun menos! ¡Yo no soy carnicero! ¡Vete!.
– ¿Y un poco de harina, entonces?
-¡He dicho que no! ¡Esta casa no es un molino! ¡No insistas!
-¿Y un poco de dinero? ¿Podría darme usted un poco de dinero?
-¡Basta ya! ¡Yo no soy ningún banquero! ¡Largo de aquí!
-Puesto que no puede darme nada –insistió el mendigo-
, ¿Podría al menos permitirme descansar a la sombra, en su casa?
-¡Siéntate allí! –dijo el avaro exasperado, señalando una silla en el interior.
El mendigo entró en la casa y comenzó al punto a hacer sus necesidades.
-Pero, ¿qué haces? –le gritó el propietario estupefacto.
-¡En un lugar tan inútil como éste, no veo cosa mejor que hacer que cagar!

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